Jardinería de máxima exigencia: los estudiantes del Colegio Sierra Pambley visitan el “León Club de Golf”

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EL TRABAJO DE JARDINERÍA PARA EL GOLF

Siguiendo con las actividades programadas del Proyecto  AULA-EMPRESA, presentamos en esta ocasión la visita de los estudiantes del Colegio Sierra Pambley al Campo de Golf de San Miguel del Camino. Se trata de una salida especialmente significativa que permite conocer a nuestros estudiantes un modelo de trabajo en jardinería de alta exigencia, donde el cuidado riguroso de las zonas verdes, la atención al tratamiento de cultivos y la minuciosidad de su mantenimiento adquieren una extraordinaria importancia. El golf es, de hecho, uno de los deportes más relacionados con la naturaleza, ya que se juega en una cancha de hierba natural de extensión muy amplia y situada siempre al aire libre. Cada uno de los campos de este antiguo y curioso deporte cuenta con superficies variables y singulares, dependientes de la topografía y el tipo de terreno de la zona, y que los dotan de características naturales propias que constituyen su personalidad. La cancha del club leonés se distingue por su amplitud, abarcando en concreto 75 hectáreas con una longitud de 6.325 metros de largo que incluyen un campo profesional de 18 hoyos, y otros cuatro campos pequeños dedicados a prácticas de tiro; todo enclavado en un hermoso paisaje de bosques de roble y encina, cruzados por arroyos, pequeñas elevaciones y collados, salpicados además de bancales de arena y varios lagos artificiales creados expresamente para el “León Club”. Consulta aquí su página web.

Entrada ligeramente la mañana, nos recibe en sus instalaciones Blas Pérez, Jefe de Mantenimiento de la casa, que nos va adelantando los numerosos y muy variados trabajos de jardinería, agro-mecánica, tratamiento de cultivo y productos fitosanitarios, necesarios para la óptima preservación de las condiciones del campo. Un aspecto importante a tener en cuenta consiste en la variedad de espacios de juego en zona verde que requiere el deporte del golf. Dentro de una misma cancha, se distinguen las áreas de hierba natural, llamadas “ásperas” —rough, en inglés— que constituyen la mayor superficie del campo; y las áreas de juego o recorrido, propiamente, formadas por las “calles” y el green, y que requieren un mantenimiento todavía mucho más atento y cuidadoso con objeto de facilitar la precisión en el golpeo del jugador y el adecuado rodaje de la pelota. Para ello, el corte del césped en las “calles” debe ser de entre 8 y 12 milímetros de altura, exigiendo una siega casi diaria y muy constante que garantice su homogeneidad; un trabajo que alcanza su máxima exigencia en los green, él área final de cada tramo —con una extensión aproximada de unos 500 m2— donde se encuentra el hoyo y sin duda, la más sensible. Su tratamiento de jardinería necesita un corte del césped rigurosamente uniforme de entre 2.5 y 3.0 milímetros que favorezca el movimiento más natural de la bola, así como un tratamiento especial del subsuelo del campo, normalmente sedimentado con tierra “blanda” con vistas a proporcionar una sensación de amortiguación y suavidad, como la de estar caminando sobre una alfombra esponjosa.

→ [Los talleres]

El Jefe de Mantenimiento, Blas Pérez, nos muestra en sus talleres algunas de las variedades de semillas de hierba y césped empleadas en el campo leonés y nos detalla los sistemas de implantación, fertilización y abonado, los métodos de hidratación —normalmente, riego por aspersión para garantizar la homogeneidad del crecimiento; aunque ocasionalmente se usan mangueras— y los ingenios de drenaje y desagüe, especialmente pensados para evitar los encharcamientos. En el “León Club de Golf”, en concreto, se ensayan técnicas de mantenimiento muy avanzadas, algunas importadas de reconocidos campos del Reino Unido y de Estados Unidos, contando en sus talleres con una importante flota especializada de tractores, motocultores, segadoras y desbrozadoras, algunas de ellas —las más modernas— provistas de cuchillas con sistema de suspensión para adaptarse a la orografía variable y los desniveles del terreno; así como también otros tipos de maquinaria agrícola como gradas de aluminio, palas mecánicas, abonadoras o recebadoras.

El trabajo de los obreros y del equipo humano encargado de la jardinería del campo es muy continuo, no sólo en el mantenimiento de las condiciones de la cancha (destinadas a agilizar y facilitar el juego deportivo), sino también en las abundantes labores de limpieza, saneamiento y ordenación estética, incluyéndose entre éstas la retirada de hojas caducas de los árboles, el rastrillado periódico de la superficie o la reparación de los deterioros producidos por los animales que se cuelan en el recinto. Como en todos los trabajos directamente relacionados con la jardinería y las zonas verdes, una de las prioridades reside en atender a los posibles brotes de plaga y enfermedades. Blas Pérez nos muestra algunos ejemplos esporádicos de desarrollo de algas, moho u hongos, también muestras de grana o el llamado “hilo rojo”, que los operarios ponen bajo control mediante severos tratamientos de fitosanitarios y compuestos de materia orgánica, empleando mayormente el sulfito de cobre, capaz de combatir la propagación de bacterias y microbios sin dañar el cultivo sano. En este mismo sentido, nos llaman especialmente la atención las técnicas de restauración y renovación del césped. Aunque, dependiendo de la zona del campo, también se usa el tradicional labrado y resembrado de las áreas afectadas, lo más habitual en el club leonés es aplicar el llamado “rejuvenecimiento por sustitución”: un tipo de mantenimiento mucho más exhaustivo y más elaborado —más rápido y más efectivo— consistente en retirar por completo el perímetro del área de hierba dañada o muerta, desinfectarlo y nivelarlo adecuadamente, para preparar el injerto de hierba nueva y facilitar su mezcla con la sana ya existente.

→ [Recorrido por el campo]

Para terminar nuestra interesante visita al Campo de Golf de San Miguel del Camino, nos permitimos un momento de entretenimiento y distracción practicando también nosotros un poco de este original y divertido deporte. Bajo las indicaciones de uno de los entrenadores del campo, nos dirigimos hacia un campo de práctica de tiro, donde aprendemos las reglas básicas del juego y los secretos de su técnica: la adecuada postura del cuerpo para realizar el golpeo de la bola —no tan fácil como parece a primera vista—, la manera de sujetar el palo y posicionar las manos, el fundamental mantenimiento del equilibrio, así como ese particular y elegante movimiento característico del jugador del golf (el giro coordinado para el lanzamiento, llamado swing), en el que algunos de nuestros estudiantes se revelan como potenciales talentos.

Por nuestra parte, ya nos despedimos hasta una próxima ocasión, agradeciendo una vez más a Blas Pérez y al “León Club de Golf” este instructivo recorrido por sus instalaciones, sus interesantes explicaciones y el haber compartido con nuestros estudiantes y también futuros profesionales, todos sus conocimientos y su valiosa experiencia.

→ [Practicando nuestro swing]

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